Noth Schwa's profile¡Por la cara!PhotosBlogLists Tools Help

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    January 31

    Una noche asquerosa

         Anochecía cuando el inspector C++ llegaba al lugar de los hechos. Qué mierda de día, pensaba mientras aparcaba su Dev de segunda mano. El subinspector Java le esperaba en la puerta.
        -Eh, ¿cómo estás, C?
        -Con un dolor de cabeza horrible, hoy ha sido un día de mierda -gruñó C++-. Algún gracioso ha robado un puntero sin inicializar y lo ha tirado a la carretera y ha liado la de Dios es Linux. He dejado a los recogedores de basura y me he venido tan pronto he podido tras recibir tu mensaje, ¿qué tenemos aquí?
        -Variable entera de Matlab, hembra, 26 ejecuciones. Su intérprete la encontró hace unas horas y entró en un bucle infinito. Cuando se recuperó nos llamó en seguida, o esa es su versión.
        -La interrogaremos más tarde -asintió C++-. Vamos a ver el cuerpo.
        Ambos detectives entraron a la escena del crimen. El espectáculo era dantesco: la variable yacía en el centro de la habitación, su rango de valores había sido agujereado y había sido desreferenciada por toda la habitación.
        -¡Por el santísimo Punto y Coma! -C++ no pudo reprimir su asombro.
        -Los chicos de la recogida de basura pensaron que quizá se debió a algún accidente de algún programador inexperto... esas cosas pasan.
        -Esto no ha sido un accidente -sentenció C++-. Alguien ha matado a esta variable.
        Java aceptó la opinión de su jefe sin reservas.
        -Llama a Basic. Dile que mueva su gordo culo y que me consiga una lista de todos los programas que han tratado con esta variable... por cierto, ¿sabemos su nombre?
        -Sí, señor, se llamaba i.
        -A esta se le acabó el bucle...
        Ambos sacudieron la cabeza. Aquella iba a ser una noche muy larga.

        El testimonio del intérprete no les aportó ningún dato nuevo, y tras inspeccionar un poco el lugar y no sacar nada en limpio, dejaron que el equipo depurador se llevara el cadáver y regresaron a la comisaría a por la lista que Basic debería haber confeccionado en espera de los resultados de la depuración.
        -¡Eh, jefe! -saludó el joven Basic, un muchacho algo simplón que cumplía los peores encargos de todos de forma torpe e ineficiente-. Tengo la lista que me pidió. Sólo estos tres programas han tenido contacto con la variable i en el último mes. Parece que era una chica poco sociable.
        C++ le echó un vistazo a la lista y frunció el ceño. Aquellos tres nombres significaban trabajo detestable, pero había que hacerlo, y tendría que hacerlo él mismo. No podía confiárselo a Basic, y Java estaría ocupado con otros asuntos importantes, así que le había caído encima la tarea de investigar sospechosos. Dio las gracias a Basic y éste antes de marcharse le dijo:
        -¡Por cierto! ¿Sabe qué es Java con gripe?
        -No, ¿qué?
        -¡Un encapsulado!
        C++ se mantuvo en silencio unos instantes. Luego habló con voz pausada no exenta de dureza.
        -No deberías hacer bromas sobre tus compañeros, al menos no si no tienen gracia.
        Basic se marchó cabizbajo y C++ se dirigió al despacho del jefe. Llamó y esperó la respuesta, que llegó de inmediato. Abrió la puerta con suavidad, entró y la cerró a su espalda.
        -¿Qué hay del caso?
        El jefe, Don Ensamblador, era un anciano duro pero muy querido por todos, y se interesaba por todos los casos y problemas de sus agentes, y ayudaba cuanto podía y entraba dentro de sus obligaciones.
        -Definitivamente se trata de un variablicidio, aunque estamos en espera del informe del depurador. Mientras tanto, Basic me ha conseguido esta lista de programas que tuvieron algún contacto con la variable en cuestión estas últimas semanas.
        -Excelente. Espero un informe de sus investigaciones mañana a mediodía.
        -Lo tendrá puntualmente, señor.



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    Agradecimientos a Sergio, por la frase que lo inició todo: "Alguien ha matado una variable"
    January 16

    La sombra del objeto

        Era un objeto liso, sin adornos, pero de bordes angulados con ricos matices de colores hechos a mano. Su sencillez quedaba rematada en la punta con una dosis de complejidad en un grabado de sangre y fuego que convergía en los vértices dándole un aspecto sobrenatural.
        Y algo así, que no podía estar en la calle sin más, sin embargo estaba. ¡Horror! Los temibles rayos del sol se estrellaban con furia sobre su lisa superficie arrancando destellos de sus ondulaciones. Y al otro lado... la oscuridad.
        Allí donde el sol no daba se formaba una pequeña zona donde las esperanzas son ideas vanas de otros hombres que ya se fueron y la vida no es sino un recuerdo de la imaginación de un loco, un lugar en el que los sueños son las peores pesadillas y la noche es una niña que llora en la cuna. Allí, al otro lado, se proyectaba la sombra del objeto.
    January 14

    Al atardecer

        La noche caía lentamente y a lo lejos se escuchaba el distante rumor de los coches bajo la lluvia. Caminaba solo por una calle lateral, su paraguas había quedado abandonado en un cubo de basura hacía ya rato: no servía de nada con el viento que soplaba ocasionalmente tratando de arrancar los edificios de sus cimientos con sus rápidas pero potentes embestidas. Se cruzó con varias personas: una pareja que luchaba por mantener su paraguas de una pieza al tiempo que trataban de resguardarse con él los dos al mismo tiempo, un par de tipos que corrían sin motivo aparente, puesto que ya estaban empapados, un tipo gordo acompañado de una mujer sospechosamente atractiva que se refugiaban en un portal en penumbra, una pareja de mediana edad con dos niños revoltosos que hacían lo posible por mojarse mientras su madre hacía lo posible por evitarlo. Los observó a todos sin especial interés, después de todo, se dijo, ya había pasado por lo mismo. Se detuvo ante su puerta y dudó unos instantes antes de abrirla y entrar.
        La casa estaba en silencio, era tarde. Cerró con llave y subió por la escalera hacia el dormitorio, casi sin ganas. Empujó la puerta entreabierta con suavidad: no hizo ni un ruido, él mismo había engrasado las bisagras la tarde anterior. Echó un vistazo al cuarto y allí, sobre la cama, yacía su esposa, sin vida.

        La noche caía lentamente y a lo lejos se escuchaba el distante rumor de los coches en la calle principal. Hacía calor al atardecer. Se había quitado la chaqueta y la llevaba sobre el brazo. Sujetaba el paraguas cerrado en la misma mano y miraba despreocupadamente a su alrededor mientras avanzaba. Se cruzó con una pareja de jóvenes que caminaban cogidos de la mano y susurrándose carantoñas, dos amigos que hablaban a voces de fútbol, trabajo y mujeres alternativamente, un señor gordo que sonreía como un idiota agarrado del brazo de su sospechosa joven acompañante, una familia con niños alborotadores que comían tantas chucherías como tiraban al suelo... en fin, nada interesante. Llegó a su casa una vez más y trató de echar la puerta abajo de una patada. Subió cojeando al dormitorio y llamó a la puerta. Entró sin esperar ninguna respuesta. Y allí, sobre la cama, yacía su esposa, sin vida.

        La noche caía lentamente y a lo lejos se escuchaba el fragor de la batalla. El potente ejército romano luchaba contra los indígenas de Tenochtitlán y en las paredes las pintadas eran fragmentos de la enciclopedia. El sol se volvió rosa y la luna verde pistacho. Avanzando, se cruzó con una joven pareja. Iban separados, cabizbajos, en silencio. Más adelante encontró a dos amigos discutiendo a voz en grito hasta llegar a las manos ahí mismo. Por último encontró al señor gordo molestando a la madre de los niños mientras el padre trataba de echarlo mediante amenazas. Una sirena se escuchó a lo lejos y empezó a soplar el viento. Entró en casa y subió al dormitorio. Y allí, sobre la cama, yacía su esposa, sin vida.

        La noche caía lentamente. El silencio se había apoderado de la calle. Caminaba despacio, dándose tiempo para pensar. "Soy el dueño de mi propia historia, y aún así... parece que es ella la que me controla a mí". No se encontró con nadie de camino a casa y cuando subió lo hizo con los ojos cerrados. Cuando los abrió, la noche caía lentamente...

    Riseldo y Lamabata

        -¡Oh, amiga mía Lamabata! -exclamó Riseldo lleno de gozo y alegría-. Cuéntame, tú que lo sabes todo, ¿qué es el ser humano?
        -¡Oh, amigo mío Riseldo! -exclamó Lamabata-. Buena pregunta la tuya, pues el ser humano es una especie de animal interesante y complicado, que a la vez es simplísimo y aburrido hasta la muerte.
        Riseldo silbó, asombrado. Le maravillaba todo lo que Lamabata le contaba, y ella siempre parecía dispuesta a satisfacer la natural curiosidad de Riseldo.
        -Cuéntame otra vez la historia de Dios -demandó. Su amiga se apresuró a satisfacerlo, aunque le había terminado de contar la historia apenas unos minutos antes. Lamabata siempre estaba dispuesta a contar historias, y Riseldo a escucharlas.
        -En un principio lejano -relató-, los seres humanos, esos tan simples y complicados, en su ignorancia e imperfección, se sintieron tentados de crear un ser superior al que llamaron Dios.
        -¿Por qué iban a hacerlo? -se interesó Riseldo.
        -Porque ellos eran imperfectos e inferiores, es decir, ni siquiera ellos lo sabían bien, como tantas otras cosas que hicieron; la verdad es que los seres humanos se caracterizan también porque hacen cosas que no tienen ningún sentido o utilidad práctica de forma directa o indirecta... pero me estoy desviando, decía que crearon a Dios sin saber por qué lo hacían, y Dios trató de controlar a los humanos. Sin embargo, a pesar de que era superior, había una pega: los humanos le habían creado a él, por lo que estaba subordinado a ellos. Entonces Dios ideó una estratagema: hizo girar la rueda del tiempo hasta que se salió de sus ejes y todo se trastocó, sobrevinieron catástrofes naturales y los humanos olvidaron lo que habían creado... de este modo, Dios pudo aparecérseles y engañarles diciendo que había sido Él quien los había creado a ellos, de ese modo pudo imponerse a los humanos y controlarlos durante siglos...
        -¿Qué es un siglo?
        -Un montón de años -Riseldo asintió, comprensivo-. Y según se cuenta, aún controla las vidas de esos insignificantes humanos, arruinados por su propia creación. Fin.
        -Dios me parece un señor muy malvado, mentiroso y manipulador -declaró Riseldo solemnemente. Y luego preguntó, tembloroso-: Pero no existe en realidad, ¿verdad?
        -Tranquilo -Lamabata exhibía una cálida sonrisa-, sólo es el personaje de un libro, un cuento, nada más. No puede hacerte daño.
        Riseldo respiró aliviado. No se imaginaba vivir en un mundo controlado por un ser de esas características y maldad. Se volvió hacia Lamabata y le preguntó:
        -Oh, amiga Lamabata, ¿me contarás la historia de los humanos?
        -Me pasaría la eternidad contándote historias, Riseldo.
        Y, por enésima vez, Lamabata contó a Riseldo la historia de los humanos.