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    October 24

    Psicópatas (una historia completamente NUEVA)

        Los Psicópatas andaban sueltos; lo decía la tele, y si lo decía la tele era verdad. Pero Ramón Claudio Josefo Raúl José Jesús de Todos Los Santos y Encarnaciones Domínguez Pérez san Juan de la Cruz y Argote (Pepito para los amigos) era ateleo: no creía en la tele y renegaba de sus profetas. Por eso desoyó las señales e, imprudentemente, salió a la calle.
        Con su flamante nuevo Coche modelo Último (los coches Coche estaban de moda y había que ser muy pringado para no tener uno, aunque fuera sin ruedas), recorrió las calles de su nueva ciudad en dirección a su destino. Durante el trayecto, aunque no creía en los Señores de la Tele, puso especial atención a los nuevos camiones rojos y amarillos que divisaba a lo lejos para evitarlos, pues la probabilidad de que fueran conducidos por un Psicópata era alta, a pesar de ser 1/2. Sin embargo, como no creía en los Señores Malvados de la Tele, no prestó atención cuando una excavadora (sí, esas cosas amarillas con ruedas grandes y una pala ancha delante...) se detuvo tras su Último en un semáforo rojo de los nuevos, que además daba la hora y te recordaba que el cinturón había que ponérselo. Y ése fue su terrible error.
        Pepito estaba a su bola, como se dice comúnmente, cantando a dúo la nueva canción de Gema Cantante, que salía por los altavoces de su flamante Coche a un volumen insultantemente alto. Como estaba haciendo el tonto, no se dio cuenta de que la pala ancha de la excavadora se movía lentamente, reluciendo ominosamente (evidentemente, la pala era nueva o la acababan de lavar). De pronto se enganchó en la parte trasera del Coche de Pepito (Ramón Claudio Josefo Raúl José Jesús de Todos Los Santos y Encarnaciones Domínguez Pérez san Juan de la Cruz y Argote para los menos conocidos) y le hizo levantar el morro. Pepito se giró y contempló con horror al conductor de la excavadora: tenía los ojos rojos y una sonrisa siniestra con los dientes torcidos desproporcionadamente grandes y colmillos de perro rabioso. Era un Psicópata Asesino de la Excavadora.
        Pepito palideció y temió por su vida. El semáforo se puso verde (un tono verde musical) y Pepito salió a toda leche para escapar del Psicópata. Sin embargo, la excavadora había sido sometida a un proceso de "tuning" y gracias al alerón trasero pronto estuvo pisándole los talones al pobre Pepito, que se vio obligado a utilizar todas sus dotes de conducción para no embestir a nadie cada vez que se saltaba un semáforo. Y la excavadora detrás, que no había forma de quitársela de encima. Y el coche que era nuevo. Y a más de cien por la ciudad. ¡Maldita sea!
        Pepito con el pie derecho empujaba el acelerador hasta el fondo, con la rodilla izquierda dirigía el volante a duras penas, con la mano izquierda se sacaba un moco y con la derecha buscaba su móvil última generación, con cámara de fotos, ambientador y cepillo de dientes multiuso. Marcó el nuevo número de teléfono de la policía (era fácil de recordar, pues eran los diez últimos decimales de pi) y rápidamente le recibió la voz de una señorita telefonista.
        -Nuevo Departamento de la nueva Policía Incorporada y Servicios Móviles de Atención al Ciudadano, ¿en qué puedo ayudarle?
        -¡Socorro, me está persiguiendo una excavadora!
        -En seguida le paso con un experto -se escuchó un clic y esta vez siguió hablando un tipo con voz chillona y desagradable-. Sección de Ciudadanos Perseguidos por Excavadoras, ¿en qué puedo ayudarle?
        -¡Me está persiguiendo una excavadora, maldita sea, haga algo! ¡Envíe a alguien a que me ayude!
        -¿Cuál es exactamente el problema?
        Pepito rugió y lanzó el móvil por la ventanilla abierta, arrepintiéndose en seguida al recordar que era un móvil última generación, con cartera integrada. Un golpe por detrás le avisó de que la excavadora seguía ahí presionando y que si no hacía algo pronto o lo cazaba o se estrellaba contra alguien, cosa cada vez más probable.
        Por suerte apareció una patrulla de la Nueva Policía y Tal y Cual y la excavadora malvada se dio a la fuga. Los policías dieron el alto a Pepito.
        -Gracias a los dioses que han aparecido, agentes, esa excavadora... -empezó Pepito.
        -¿Sabe a qué velocidad iba? -interrogó uno de los policías, un señor con cara de joven y mala leche-. ¿Y sabe cuál es el límite? ¡Menos de la cuarta parte! Me temo que tendré que multarle. Por eso y por saltarse todos esos semáforos que le hemos visto saltarse...
        -¡Pero me perseguía una excavadora con un Psicópata! Y tuve que llamar a la policía pidiendo ayuda... -explicó Pepito débilmente.
        -¿Y cómo llamó? ¿Desde el coche? ¿No sabe que está prohibido hablar por teléfono mientras conduce? Habrá que añadir eso a la multa. Salga del coche, por favor.
        Pepito no podía creer lo que oía, salió del coche tambaleándose y cuando le pidieron la documentación no pudo encontrarla.
        -Verá, mi nuevo móvil última generación es de esos que llevan cartera integrada...
        -¿Y qué?
        -Pues que lancé el móvil por la ventanilla y...
        -¿Cómo? Está prohibido lanzar objetos por la ventanilla, vaya, vaya... y no tiene documentos, ¿eh? Compañero Policía, llama a una grúa que quite de aquí el coche, a este nos lo llevamos.
        Y así fue como Pepito fue detenido, acusado de delitos graves contra la seguridad ciudadana, violación del nuevo código de circulación y de tener una cara que no le gustaba al juez, por lo que fue condenado a pagar una multa de 15 Gigacréditos. Como no los tenía, se ahorcó con su propia corbata.

        Y mientras tanto, los Psicópatas patrullan las calles con sus camiones y excavadoras...
    October 06

    La Empanada Mágica

        Perico caminaba felizmente por un bosque de árboles AVL (por lo que todos los árboles estaban equilibrados). Cantaba una canción que acababa de inventarse, por lo que patos jóvenes alzaban el vuelo para huir de aquella horrible cacofonía. De pronto, sin embargo, tuvo que detenerse y dejar de cantar. Ante él, tirada en el camino, había una empanada brillante.
        -¿Qué es esto? -se preguntó en voz alta, ya que como nadie le escuchaba nunca, había adquirido la costumbre de hablar solo.
        Su sorpresa fue mayúscula cuando la empanada le respondió:
        -Soy una Empanada Mágica, enviada desde el Reino de las Empanadas Mágicas para concederte Pi deseos. Pero como no tengo mucho tiempo, te concederé una aproximación de 3.14 deseos, ¿estás de acuerdo?
        -¿Por qué las Empanadas Mágicas conceden deseos?
        -Está en nuestra naturaleza, si tú también fueras una Empanada Mágica, concederías deseos aleatoriamente. Ven, recógeme del suelo antes de que venga algún animal salvaje.
        Perico se acercó y recogió con cuidado la Empanada Mágica. Pudo sentir el tremendo poder que emanaba de ella y se sintió sobrecogido.
        -Bien -dijo la Empanada Mágica-, ¿has pensado ya tu primer deseo? ¿O necesitas más tiempo?
        Perico meditó unos instantes. Era la primera vez que una Empanada Mágica le ofrecía una aproximación de Pi deseos, y no quería precipitarse. Su futuro podía depender de que eligiese correctamente sus deseos, y además, no había ninguna certeza de volver a encontrarse con una Empanada Mágica más adelante. No, aquella era una ocasión única y trascendental, un momento crucial en su vida. Tras unos instantes más de reflexión comenzó:
        -Ya sé cuál será mi primer deseo. Deseo que...
        Tuvo que interrumpirse cuando oyó que alguien le llamaba. Era una voz familiar que no conseguía ubicar.
        -¡Perico! ¡Eh, Perico! Que la clase ha terminado!
        Perico, aún desorientado, recogió sus cosas y se marchó a casa. Cuando llegó, su madre lo miró atentamente.
        -Perico, ¿estás bien? Te noto extraño.
        -Estoy bien, mamá, es sólo que he tenido un sueño muy extraño. Pero mira -dijo extrayendo un objeto brillante de su bolsillo-, por lo menos he encontrado esta Empanada Mágica en el bosque.