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    February 26

    Aburridas Crónicas del Aburrimiento (Parte X)

        Grises nubes en el cielo, oscuridad reinante. El Fuerte Nueva Esperanza, con sus pétreos muros pardos alzándose imponentes hacia el tenebroso firmamento, les daba una fría bienvenida a los improvisados héroes. Un tipo de unos treinta o cuarenta años y una muchacha pelirroja que probablemente aún no había terminado el instituto.
        -Mañana tengo un examen... no debería estar aquí.
        Confirmando con esa frase la suposición de que aún iba al instituto, la muchacha se echó a temblar a causa de los fríos vientos que azotaban la zona. El doctor Ña se apeó del vehículo y observó la fortaleza sin decir nada. Ramiro y Sara aguardaban las órdenes. No había otra cosa que pudieran hacer.
        Una brisa fresca agitaba los cobrizos cabellos de Sara mientras permanecía allí, sufriendo escalofríos con los pelos de punta, aguardando, siempre aguardando. Tenía las mejillas pálidas y los ojos muy abiertos no perdían de vista los muros grises que se alzaban ante ella a lo lejos.
        -Este lugar es precioso -declaró el doctor aspirando profundamente-. El aire es puro, el silencio acogedor... tomaría una foto, pero no captaría la esencia real de esta escena. Aquí una imagen no vale más que mil palabras, señor escritor, así que prepáralas para cuando regresemos. Supongo que querrás escribir sobre esto, ¿no?
        -Ya está escrito.
        -¡Mejor! Más nos ahorramos. Ahora sólo hay que ponerlo en práctica -señalando teatralmente al fuerte gritó-: ¡Muchachos, a la carga!
        El hombre y la chica lo miraron sin pestañear siquiera. Los muros altos, el foso, el rastrillo bajado y la promesa de cientos de trampas en el interior no invitaban a cargar. Y encima el frío. Y el silencio...
     
        Grises nubes en el cielo, oscuridad reinante. Silencio aplastante, roto por el suave gemir de la brisa. El tiempo parecía haberse detenido para ellos. El destino del mundo estaba a punto de decidirse. Pero no se atrevían a entrar en acción.
        -¿Pero es que nadie se piensa mover? -preguntó el doctor Ña.
        -¿Qué se supone que debemos hacer?
        -¡Pues entrar, rescatar al tal Abur, acabar con los agentes enemigos, regresar y celebrarlo!
        Pensamiento generalizado: como si fuera tan fácil...
        Sara se estremeció de frío. Pensó en el examen que tenía al día siguiente. Lo apartó de su mente tan pronto como vino y, en un acto de valentía e irracionalidad, se encaminó la primera hacia la fortaleza. Ramiro la siguió. Ella avanzaba decidida, a pesar de que no tenía nada que ver con lo que estaba ocurriendo. Y sin embargo, su determinación era digna de ser admirada. O quizá sólo estaba cansada y quería terminar pronto para volver a casa.
        Penetraron en la fortaleza sin dificultad por el pasadizo secreto que les mostró el doctor. Ramiro anotó mentalmente que siempre debía haber un pasadizo secreto en toda fortaleza y que lo que buscaban siempre estaba en el lugar más profundo e inaccesible. Sin excepción.
        -He preparado algunos conjuros que nos resultarán útiles -explicó el mago mientras avanzaban por un oscuro corredor.
        -¿Qué haces tú aquí? -se extrañó Ramiro-. ¡Formas parte de mi imaginación, no existes!
        El mago hizo una mueca de desagrado, sacudió la cabeza y se desvaneció en el aire. Sara seguía avanzando ajena a la conversación entre Ramiro y su mente.
        -Esta es la puerta -Ramiro siguió con la mirada la dirección en la que señalaba y vio una pequeña puerta metálica medio oxidada-. Vamos, abrámosla.
        Unieron sus esfuerzos y tras un duro forcejeo consiguieron abrir la puerta con un sonoro chirrido. Ante ellos estaba la sala de planificaciones del general Abur. Sobre la enorme mesa central habían colocado una silla. Sentado en ella, el malo de la historia aguardaba.
    February 17

    Aburridas Crónicas del Aburrimiento (Parte IX)

        -Estoy sola. Me siento sola. El mundo avanza a mi alrededor. La gente ríe, llora, vive y muere. Yo ya estoy muerta. ¿Qué me queda en este mundo? Los que decían llamarse amigos me abandonan, solamente se acercan para pedirme algo. Soy como una servilleta de papel, una vez usada, a la basura. ¡Qué felices los niños pequeños, inconscientes, soñadores, inocentes! Siempre libres de preocupaciones y ajenos a los problemas estúpidos que asolan al mundo... Quiero volver a ser una niña pequeña, quiero soñar el pasado, revivirlo, una época en la que mis mayores preocupaciones eran... ¡ninguna! No tenía, no me preocupaba más que de que mi madre me propinara alguna regañina por olvidar cerrar los grifos o romper alguna tontería. El mundo que me rodea hoy está vacío y camino de irse a la mierda.
        Sara hablaba despacio con la mirada perdida en el paisaje que se sucedía al otro lado de la ventanilla. Transitaban por calles desconocidas tanto para ella como para Ramiro, que apenas prestaba atención, concentrado en las palabras de su acompañante. Quería recordarlas para escribirlas más tarde.
        -Pero algo habrá, ¿no? ¿No hay nada ni nadie? ¿Quizá alguien especial que te hace sentir bien?
        Sara torció el gesto sin apartar la vista de la ventana.
        -¿Un novio o algo así? ¿Alguien que quisiera que lo fuera? Claro, a puñados -dijo con sarcasmo-. Acabo de decírselo: estoy completamente sola. Nadie que me pregunte cómo me va o qué es de mi vida, nadie que esté junto a mí en los buenos momentos como en los malos, nadie que me dé un abrazo cuando me siento sola por las noches en la oscuridad de mi habitación o simplemente me encuentro mal, nadie con quien compartir lo que pienso, lo que siento. Nadie.
        -Como lo dices suena un poco egoísta -se atrevió a apuntar Ramiro.
        -¡No! -Sara negó con la cabeza-. No se trata de eso. No soy "yo" sino "nosotros". Cuando digo todo esto me refiero a que no hay nadie con quien yo pueda compartir mis vivencias... ni nadie que comparta las suyas conmigo. Es algo recíproco.
        -Comprendo.
        -No, no puede comprenderlo. No está usted en mi situación. ¿O sí?
        -No, tienes razón -admitió-. Yo estoy casado con una mujer que me quiere y a la que quiero. Compartimos todo; estamos tan unidos que para mí es imposible imaginar una vida en la que ella no esté.
        Sara sonrió melancólicamente. Su mirada triste revelaba el mismo mensaje que sus palabras. En su interior sólo había dolor, un dolor que la consumía. Hablar con alguien, aunque fuera aquel extravagante desconocido, la reconfortaba.
        -Tienen que ser muy felices... -reflexionando así, en voz alta, Sara se inclinó más sobre el cristal-. Es tan triste caminar por la calle y observar a tantas parejas que se quieren y se demuestran su cariño y afecto con un beso, una caricia o simplemente cogiéndose de las manos... ¿sabe? Siempre tengo que mirar hacia otro lado cuando me encuentro con algo así. Me hace sentir mal, me recuerda lo sola que estoy y que probablemente nunca podré estar realmente bien con alguien...
        -¿Por qué no?
        -Porque... no.
        Asunto zanjado. Turno de Ramiro de explicarle a Sara lo que estaba a punto de ocurrirle al mundo y así distraerla de sus preocupaciones. Aunque intuía que no podría conseguirlo por completo nunca.
     
        La letra de Ramiro rayaba lo ininteligible. Con una cursiva apretada y fuertemente inclinada, Ramiro relataba una historia extraordinaria en la que el señor Aburrimiento, convenientemente rebautizado como Abur -igual que el concursante de la tele, pensó Elena-, intentaba conquistar el mundo. Cuando terminó de leer permaneció inmóvil y pensativa unos momentos. Su mente trataba de asimilar cuanto había leído, pero era demasiado absurdo. Suponía el mayor reto mental de su vida. Sacudiendo la cabeza se encaminó al dormitorio y, vestida como estaba, se dejó caer sobre la cama. Soñó con matones uniformados que secuestraban aburrimientos, que en su cabeza adoptaban la forma de una pelota azul de goma. Sueños...
     
     
    Nota para la gente que lea esto que me conoce y pueda preocuparse por mí: A veces, lo que soñamos o escribimos proviene de nuestro interior más profundo, de nuestras experiencias y nuestros sentimientos. Cuando escribimos algo de esta forma, suena más real, es más cercano a nosotros. Si después de llorar porque nos hemos pillado un dedo con la puerta nuestros personajes lloran pillándose los dedos con todas las puertas que ven... no queda muy real, pero bueno, un accidente ocurre a veces xD. En serio, aunque muchas veces estos relatos se vean influenciados por aspectos de mi vida, que Sara esté deprimida no tiene nada que ver conmigo :P Y dicho lo cual, ¡nos vemos!
    February 12

    Aburridas Crónicas del Aburrimiento (Parte VIII)

        Dani disfrutaba de la compañía gatuna. Tirado sobre una colchoneta mugrienta, acariciaba a sus nueve gatos mientras éstos lamían su cara, manos y brazos.
        -Mis queridos gatitos -murmuraba con los ojos cerrados y una sonrisilla de satisfacción.
        Un sonido lejano interrumpió su momento de paz y le obligó a incorporarse. Lentamente extrajo un paquete de tabaco casi vacío, consiguió un pitillo y lo encendió. Lo saboreó unos instantes antes de emprender la marcha en busca del origen del misterioso ruido. Acompañado de sus gatos, avanzó por los oscuros y húmedos corredores hasta llegar a la causa del sonido.
        Allí, sentados en el túnel, un tipo de unos cuarenta junto a una muchacha pelirroja de entre quince y veinte años, gritaban periódicamente al unísono la extravagante palabra "pato".
        -Pero qué cojones... -masculló Dani-. ¡Eh, vosotros! La palabra clave es "gato" y no "pato".
        Sara y Ramiro callaron para contemplar al recién llegado. Un tipo andrajoso, con el pelo largo y despeinado, fumando un cigarrillo torcido con un gato en brazos, y rodeado de ellos. Una visión inquietante.
        -Bueno... gracias por venir a ayudarnos -expresó Ramiro poniéndose en pie.
        -Sí, gracias -secundó Sara con una cálida sonrisa de agradecimiento.
        Dani enarcó una ceja. El gato que sostenía ronroneó.
        -¿Yo... salvaros? La salida es... por ahí.
        Sara y Ramiro siguieron la dirección de su dedo y vieron una flecha que rezaba "Salida" y al fondo del túnel una escalera. Ramiro vaciló.
        -Bueno...
        Las mejillas de Sara se enciendieron hasta casi alcanzar el color de su pelo. No abrió la boca.
        -Venga, ahuecando, que me asustáis a los gatitos. ¿Verdad que son adorables? Claro que sí... mira qué ojos...
        Los dos visitantes semidesnudos, tapados sólo con toallas, se encaminaron hacia la salida. Cerca de ella encontraron ropa razonablemente limpia, un peine y un extraño triángulo metálico con un orificio en el centro. Ramiro lo cogió todo y, seguido por Sara, subió la escalera de mano hacia la libertad.
        Al salir, el sol les cegó. Alguien les estaba esperando. Con admirable destreza, pronto se vieron conducidos al interior de un vehículo preparado para salir a toda velocidad. Todo había sucedido demasiado deprisa. Atrapados en el asiento trasero, Sara y Ramiro no tuvieron otra opción que esperar.
     
        Alguien, oculto en las sombras, seguía con satisfacción los progresos de Abur. Estaba orgulloso de sus agentes, ahora conocidos simplemente como Uno y Dos, que estaban llevando a cabo el plan con una limpieza digna de admiración. Pronto el mundo entero sería de Abur. Pero Abur era suyo. De modo que el mundo pronto sería suyo. Era una perspectiva agradable. Cuando hubo terminado de ver el programa encendió la luz. Ya era hora de abandonar las sombras.
     
        Elena dormía todas las noches con dos sábanas. Hacía mucho frío y la estufa gastaba demasiado. Esa noche, sin embargo, no pudo dormir. Se había pasado la tarde intentando colarse por el desagüe por el que había caído Ramiro, pero sin éxito. Golpeó, pataleó y acarició el maldito desagüe, pero no había forma. Era un desagüe normal y corriente. La gente no se colaba normalmente por ellos. Frustrada, se dejó caer en la cama. No sabía qué había sido de su marido, y no podía decírselo a nadie. Perdone, es que mi marido ha caído por el desagüe de la ducha, ¿no podrían ayudarlo? Sólo de pensarlo se sentía ridícula. Tumbada, reflexionó acerca de los últimos acontecimientos. Todo había empezado a torcerse desde que Ramiro escribiera aquella pequeña historia acerca del aburrimiento...
        -¡Eso es! -exclamó rodando sobre la cama y dejándose caer al suelo-. Si encuentro la historia y la leo, comprenderé por qué nada tiene sentido y sabré a qué viene todo esto. El problema es... -Elena se detuvo, pensativa-. ¿Dónde narices puede estar?
     
        Eva Castellanos era una furcia. Sin embargo, a nadie le importaba, ni tenía mayor importancia en el marco de los acontecimientos relacionados con Ramiro y Abur. Por eso, pocos lloraron la desgracia de verla caer muerta súbitamente durante una retransmisión en directo. Porque, como decía su frase favorita, el show debe continuar.
     
    ¿por qué será que cada día me gusta menos esta historia? ¿Alguien lo sabe? xD Bueno, sigo estudiando. Si alguien pregunta, salí a descubrir el polo norte. :P
    February 09

    Aburridas Crónicas del Aburrimiento (Parte VII)

        Sara había comprado un libro y entretenía sus tardes leyendo. Le había llamado la atención al abrirlo y ver una foto enorme del extraño que la había abordado aquella tarde lluviosa. Debajo, en un pequeño párrafo, una breve biografía le informó de que se llamaba Ramiro y había escrito un par de historias cortas más. Como nota curiosa, mencionaba que había pasado cerca de veinte años de su vida en coma.
        Ahora, en su habitación, Sara se disponía a leer aquel libro, de apenas setenta páginas, con la esperanza de conocer más a aquel individuo. Sabía perfectamente que, muchas veces, lo que una persona cuenta dice más de ella de lo que realmente quería decir.
     
        Ramiro se preparaba para poner en práctica el plan del doctor Ña. Parecía sencillo, sólo había que entrar en una fortaleza plagada de trampas y acceder al señor Aburrimiento para convencerle de que abandonara el concurso, cuando todavía quedaba tiempo. Probablemente estaría custodiado por agentes de una organización enemiga, armados y dispuestos a matar. Ramiro había sido elegido para la misión porque el doctor Ña tenía trabajo, o eso alegó.
        Mientras se duchaba, Ramiro oyó una vocecilla que le resultaba familiar.
        -Cuidado... cuidado... cuidado...
        -¿Cuidado con qué? -preguntó secamente. Estaba irritado. No le gustaba oír voces.
        La vocecilla continuó diciendo lo mismo durante un rato. Al final, cuando Ramiro estaba a punto de salir de la ducha para secarse, el mensaje cambió.
        -Cuidado... con el desagüe.
        Demasiado tarde. Ramiro sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies. Trató de aferrarse a algo para no caer, pero fue inútil. El toallero no resistió y cayó al suelo estrepitosamente. El pobre Ramiro fue arrastrado por el desagüe con una toalla en la mano. Cayó y cayó. Siguió cayendo en un tobogán de agua y suciedad hasta que aterrizó en una especie de alcantarilla abovedada. Mientras se ponía en pie y se recuperaba escuchó algo extraño a lo lejos.
        -¡Pato! -y siete segundos después-: ¡Pato!
        Ramiro, para variar, no comprendía nada.
        -Alguien está gritando pato... y lo hace a un ritmo de siete segundos entre pato y pato... ¿esto qué es?
        Avanzó hacia la voz mientras se encajaba la toalla para tapar sus partes pudendas. Seguía repitiendo la palabra pato cada siete segundos a pleno pulmón, en una especie de rito de alcantarilla. La voz se movía a gran velocidad. Cada vez se escuchaba más cercana... hasta que aterrizó tras Ramiro. Allí, medio envuelta en una toalla, la chica pelirroja del autobús se esforzaba por levantarse mientras contaba.
        -Cinco... seis... siete... ¡PATO! Uno... dos...
        -¿Qué haces? -preguntó Ramiro sin saber bien si acercarse a la chica o salir corriendo.
        Ella dio un respingo al verle, perdió la cuenta, resbaló y cayó al suelo, donde se quedó sentada.
        -¿¿Qué haces tú aquí?? ¿Me estás siguiendo o algo así?
        El hombre se lo pensó unos momentos antes de responder.
        -Claro, me estaba dando una ducha y pensé: "¿Cómo le irá a la chica pelirroja? Voy a meterme por el desagüe a ver si la veo"...
        -Y pensar la de veces que me reí de mi madre cuando se preguntaba por qué tardaba tanto en el baño y bromeaba sobre lo de colarse por el desagüe... la de cosas que han permanecido ocultas para mí -reflexionó Sara en voz alta-. De todas formas, hay que gritar "pato" cada siete segundos si queremos que nos saquen de aquí. Me lo dijo el ciego -comunicó Sara a Ramiro.
        Juntos, cada siete segundos, empezaron a gritar la palabra clave en espera de que alguien fuese a rescatarlos.
     
        Uno, Dos y Abur continuaban conquistando y triunfando en el concurso. Ya dominaban buena parte del país, mientras que otros concursantes se centraban en otras potencias. No era más que un juego, pasado un razonable periodo, el ganador perdería todo el poder acumulado y se iría a su casa. Eso es lo que había sucedido en otras ocasiones, aunque esta vez alguien pretendía que fuese diferente.
        Uno y Dos estaban cada día más irritados e irritables. Uno pasaba el día paseando arriba y abajo por toda el área 5, dando órdenes confusas y gritando a todo el mundo. Dos ocupaba su tiempo en leer el periódico cuando no le requerían para otra tarea. A medida que el momento se iba acercando, sus agitados nervios se tensaban cada vez más. Y Abur se comportaba de un modo tan indiferente y pausado... Uno no podía verlo sin sentir ganas de matarlo. Y pronto podría hacerlo, muy pronto...
     
        Seguía muriendo gente sin motivo aparente. Las autopsias no revelaban nada extraño. Los cuerpos encontrados no presentaban ningún problema... salvo que estaban muertos. Los fanáticos se empeñaban en decir que era una señal de Dios, cansado de tanta maldad y decadencia. Los escépticos buscaban el virus causante, y no podían hacer nada por prevenir la enfermedad ni aislar a los infectados: la enfermedad no presentaba síntomas. Simplemente hacía acto de presencia.
     
     
    Y, una vez más, hasta aquí la séptima entrega de las Aburridas Crónicas del Aburrimiento, la aburrida historia de publicación irregular. Imagino que todo aquel que las esté leyendo imaginará lo que viene a continuación... si es así que me avise, porque yo no lo sé :P
    Nah... la parte VIII está en proceso. Y si hay suerte hasta quizá tenga ilustraciones ^^
    Y ahora, una última pregunta: ¿Por qué, si casi nunca hablo nada, cuando me dan un papel y un boli o un teclado y un procesador de textos me enrollo tanto? Es mi perdición...
    February 07

    Aburridas Crónicas del Aburrimiento (Parte VI)

    Sara había comprado un libro y entretenía sus tardes leyendo.
     
    Ramiro se preparaba para poner en práctica el plan del doctor Ña.
     
    Uno, Dos y Abur continuaban conquistando y triunfando en el concurso.
     
    Seguía muriendo gente sin motivo aparente.
     
    Dani disfrutaba de la compañía gatuna.
     
    Alguien, oculto en las sombras, seguía con satisfacción los progresos de Abur.
     
    Elena dormía todas las noches con dos sábanas.
     
    Eva Castellanos era una furcia.
    February 06

    Crónicas del aburrimiento (Aburrida Parte V)

        -Bienvenidos al Fuerte Nueva Esperanza, donde una vez más va a dar comienzo la primera fase del concurso -anunció Eva Castellanos, presentadora de Yo también quiero dominar el mundo-. Hoy nuestros trece concursantes enfrentarán a sus respectivos ejércitos, compuestos por mendigos, drogadictos, presidiarios y otras escorias que no tienen cabida en nuestra sociedad perfecta, por la toma de una de las doce áreas del Fuerte Nueva Esperanza. Como ya saben de otras ediciones de nuestro programa y de aritmética básica, trece es más que doce, con lo que uno de nuestros participantes quedará eliminado de la competición al finalizar la batalla. Por ahora, nuestros aspirantes a líder mundial sólo cuentan con un ejército más bien mediocre. Sin embargo, a medida que acumulen puntos podrán optar por activos mucho más eficaces. Siendo así, el ejército de nivel cero, compuesto por harapientos, sólo contará con sus puños para seguir adelante, más las diversas armas blancas de todo tipo de las que puedan apropiarse en el interior del fuerte. Durante tres horas los participantes deben abrirse paso por los corredores plagados de trampas, luchar contra los ejércitos de sus enemigos y sobrevivir para tomar una de las doce áreas, las cuales deben defender hasta el término de la tercera hora, momento en que serán dueños absolutos de ellas y las utilizarán en adelante para trazar sus planes futuros de conquista... vamos a ver cómo les va a nuestros trece generales, uno de los cuales, como ya he dicho, nos abandonará hoy y perderá su oportunidad de dominar el mundo.
        Eva hablaba de forma un tanto repelente y no paraba de sonreir, mostrando sus blancos dientes comprados en cualquier dentista barato. Mientras daba todas las explicaciones de cómo se desarrollaría el evento, las cámaras mostraban distintos ángulos de la fortaleza, el público congregado, los participantes nerviosos, los ejércitos de indeseables, enjaulados como bestias. Diseminados por el campo de batalla, otros presentadores como Eva Castellanos retransmitían el evento para sus respectivos países. Medio mundo estaba pendiente del televisor en aquellos momentos. La otra mitad del mundo hacía planes para dominarlo.
        Cuando todos los presentadores se dieron por satisfechos tras entrevistar a los trece generales. Éstos tomaron posiciones. Se repartieron los ejércitos. Comenzó la batalla.

        Al día siguiente los informativos no hablaban de otra cosa. Durante el día anterior habían muerto unas doscientas personas en todo el mundo sin motivo aparente.
        -Estaba allí, tomándose un café, y de pronto se desmayó. Muerto en el acto -comentó una afectada camarera a los medios de comunicación.
        Otros testimonios fueron mostrados, todos similares. Hombres, mujeres y niños caídos repentinamente en la calle, en cafeterías, en colegios, en sus lugares de trabajo, en la ducha, en tiendas... Los fanáticos gritaban que era la obra de Dios, los médicos hablaron de un nuevo virus sin catalogar, los albañiles, de construcciones y mujeres.
        -Señoras y señores -dijo Eva Castellanos luciendo su sonrisa más falsa-. Es triste que hayan muerto buenos ciudadanos de provecho en tales circunstancias, pero... ¡el espectáculo debe continuar!
        Y así, la conquista del mundo siguió su curso.

        En el área 5 del Fuerte Nueva Esperanza, Uno y Dos se aseguraban de que el señor Aburrimiento continuase su labor. Habían trasladado su despacho a una espaciosa sala de mapas, iluminada por fuertes tubos fluorescentes. En las pizarras colocadas por toda la habitación podían leerse toda clase de anotaciones y recordatorios, planes secretos y listas de la compra.
        Abur se inclinaba sobre una mesa enorme, en la que había desplegado un mapa del mundo en el cual había más notas. Escribía ideas y marcaba con flechas los lugares clave. Trabajaba pausadamente, sin agobios.
        -Me aburro -dijo Dos súbitamente, sentado en una silla con los ojos entrecerrados junto a una de las puertas.
        Uno sacó su arma y apuntó a Abur.
        -No es cosa mía -aseguró éste sin dejar de trabajar-. Eso no entra en el plan, ¿no?
        Uno no se molestó en contestar. Irritado, comenzó a pasear arriba y abajo por la habitación.

        Había pasado una semana desde el extraño encuentro en el autobús. Sara miraba constantemente atrás y se sentía vigilada. ¿Cómo podía haber sabido todo eso? ¿Suposiciones? ¡Imposible! Pensando esto, vio un ciego sentado en un portal y se acercó para echarle unas monedas. Los afinados oídos del ciego captaron el leve tintineo del metal al caer en su bolsa y sonrió cálidamente.
        -Muchas gracias, amable persona. Te has ganado uno de los consejos del ciego vidente. Desconfía de lo seguro y confía en lo inestable; grita "pato" cada siete segundos si has caído en lo más profundo y recuerda que a veces una historia vale más que mil vidas.
        -Gracias... signifique lo que signifique.
        Tras el misterioso encuentro con el ciego, Sara siguió caminando perdida en sus pensamientos. Decidió que volvería a visitarle más adelante y anotó mentalmente el lugar. Pensando toda clase de disparates, acabó a la entrada de una pequeña tienda de libros de segunda mano. Recordando el consejo que acababa de recibir, optó por entretenerse un momento y mirar. Leer podía no proporcionarle sabiduría, pero mantendría su mente ocupada y a salvo de oscuros pensamientos.

        -Cielo, de verdad que me preocupas.
        Cuando Ramiro llegó a casa tarde la noche que fue a visitar a un tal doctor Ña, le había contado toda clase de historias absurdas de sus sueños y del aburrimiento. Prefirió no discutir y fueron a dormir, porque era tarde. Sin embargo ahora, casi dos semanas después su marido seguía insistiendo que uno de los concursantes de Yo también quiero dominar el mundo era el mismísimo Aburrimiento en persona y que tenía que conseguir entrar en la fortaleza desde donde tramaban sus planes de conquista para acabar con él.
        -Mira -le dijo-, desde que te vi ves conspiraciones por todas partes. ¿Has olvidado lo de las pelotas de tenis? ¿Tus repetidas fugas de hospitales? Parece que siempre hay alguien conspirando contra ti.
        -Pero, Elena, es de verdad. El doctor Ña lo sabe. Y no están conspirando contra mí, sino contra el mundo entero. No se conformarán con el simulacro de dominación que hacen en el programa. Ascenderán hasta ganar, y cuando estén en una posición privilegiada, darán el salto al mundo completo.
        Ramiro parecía angustiado. Quería que su esposa le creyese. Elena estaba sentada en la cocina ante un montón de paples mirándole sin saber bien qué decirle. Sentía una enorme pena por dentro.
        -Ven -dijo Ramiro de pronto con una sonrisa en los labios-. Te lo demostraré.
     
    Y una vez más, hasta aquí la quinta entrega de las aburridas crónicas del aburrimiento. Dedicada especialmente a todos mis fans (y fanas) que pasan las horas de tedio ante el televisor... ¡para eso tenemos internet, para perder el tiempo con blogs! Y siempre nos queda leer un libro... si tenemos tiempo. Y si no, pues no.
    February 05

    Crónicas del Aburrimiento (Parte IV)

        Sara iba sentada con la cabeza pegada al cristal del autobús. Millones de oscuros y deprimentes pensamientos cruzaban su mente. Era su cumpleaños y se sentía más sola que nunca. ¿Qué le quedaba? Se asombraba de lo mucho que todos los que antes eran sus amigos habían cambiado. El mundo a su alrededor había avanzado. Ella se había quedado estancada. No quería ver a nadie. Esa noche la pasaría tirada en la calle.
        -Vivir es perder, perder es vivir, si no pierdes nada, es que ya estás muerto -murmuró mientras despegaba la cabeza del cristal, que estaba frío y se estaba empezando a empañar.
     
        Ramiro decidió coger el autobús para ir hasta donde vivía el tal doctor Ña. Se sentó en el único lugar que estaba libre, junto a una muchacha pelirroja de aspecto sombrío. Vestía de negro, lo que contribuía a darle un aspecto un tanto siniestro. La pulsera de cuero con agudos pinchos tampoco ayudaba. Y, sin embargo, aunque la mayoría de la gente que iba en el autobús seguramente habría criticado reprobatoriamente su vestimenta, ésta estaba cuidada hasta un nivel de detalle que poca gente alcanzaba en su día a día. Ramiro la observó un rato, maravillado de lo que veía. En aquel instante supo que se había vuelto completamente loco.
        -Perdona, ¿por casualidad eres una prostituta? -le preguntó.
     
        Uno entró en el despacho de Abur sin llamar.
        -¿Listo?
        Abur se encogió de hombros.
        -¿Tengo alternativa?
        -No -respondió Uno con una sonrisa torva.
        Abur caminó pesadamente hacia la puerta y acompañó a Uno al aparcamiento. El descanso había durado poco. Las cosas se aceleraban.
     
        Un señor de unos treinta o cuarenta años se sentó junto a Sara. Se sintió observada, pero no se movió. Seguramente se cansaría pronto. O, en el peor de los casos, le diría que iba por mal camino o que tenía un pésimo gusto vistiendo. Pésimo gusto el de ellos, pensó.
        -Perdona, ¿por casualidad eres una prostituta? -le preguntó el hombre.
        -¿Cómo? ¿Me estás llamando puta?
        En el autobús algunas cabezas curiosas se giraron para observar.
        -No, no lo eres -dijo Ramiro pensativo-. Sin embargo tienes un gran corazón, sufres a causa de las injusticias, te gustan los animales, das limosna a los pobres, estás atrapada en una situación de la que no puedes salir y te sientes más sola que la una.
        Sara no sabía qué decir. No se consideraba tan buena como le había pintado aquél extraño, pero se ajustaba bastante a su situación. De pronto la atmósfera del autobús estaba demasiado cargada.
        -Esta es mi parada -dijo bruscamente, dio un salto sobre Ramiro y se bajó de un salto antes de que se cerraran las puertas.
        Ramiro continuó hasta la casa del doctor Ña pensando en lo que acababa de suceder.
     
        El doctor Ña era un señor semicalvo, semigordo y semibajito, con lo que era bastante vulgar y no destacaba demasiado. En cuanto abrió la puerta lo primero que dijo nada más ver a Ramiro fue:
        -Pase, le esperaba.
        -¿Me esperaba? -Ramiro estaba extrañado. Nada tenía sentido.
        -No, pero queda bien decirlo. Pase, pase -Ramiro entró en la consulta, que se parecía a su dueño en cuanto a lo vulgar-. Bien, viene porque está loco, ¿no?
        Ramiro dudó. Se suponía que era el doctor el que debía decidir eso DESPUÉS de examinarle.
        -Vamos, no me mire así, supongo que no creerá que escribir todo lo que sueña y pretender que son cosas que suceden en la realidad es síntoma de cordura, ¿verdad?
        -¿Cómo lo sabe?
        -Yo lo sé todo, amigo, es mi trabajo -el doctor Ña tomó asiento tras su escritorio-. Veamos, usted sueña que el señor Aburrimiento es raptado por unos agentes malvados con siniestros propósitos. Lo escribe y se lo muestra a su editor, que dice que es una basura y le manda a verme. ¿No? -Ramiro asintió-. ¿Y si yo le dijera que está aquí porque lo que soñó está sucediendo en realidad?
        Silencio sepulcral.
        -Así es. En estos momentos se está llevando a cabo un plan final para dominar el mundo y esclavizarnos a los que quedemos vivos, y usted, amigo mío, tiene las claves para evitarlo.
    February 03

    Crónicas del aburrimiento (Partes II y III)

    Bueno, bueno, bueno, queridos fans y fanas (¿fanas? ¿En qué estoy pensando?), aquí están las ansiadas segunda y tercera parte de las crónicas del aburrimiento. Como son dos ha quedado una entrada un poco burra... pero da igual, quien lo vaya a leer lo leerá y quien no, pues no. Ea, me voy a seguir estudiando para ser una persona de provecho y todo eso...
     
     
        -¡Esto es lo más estúpido que he leído en años! -rugió el editor agitando en un puño los folios que acababa de leer-. ¿De verdad crees que alguien leerá esta bazofia?
        Ramiro permanecía impasible ante el ataque de cólera del editor, que con los ojos en blanco y escupiendo saliva seguía explicándole por qué lo que le acababa de entregar era una completa basura.
        -¿El señor Aburrimiento? ¡Suena a personaje infantil! Y por otra parte, ¿qué clase de mundo concibes en el que no exista aburrimiento? ¡Este fragmento en sí mismo sería capaz de aburrir hasta... hasta... a cualquiera!
        El editor arrojó con violencia el puñado de papeles a la esquina del despacho donde estaba la papelera. Erró el tiro y sólo consiguió que se desperdigaran por el suelo.
        -¡Escúchame! -el editor señalaba a Ramiro, que no se movía-. Creo que últimamente andas con los tornillos un poco flojos, primero lo de la prostituta con el corazón de oro y ahora esta cosa, ¡estás desequilibrado! Toma -dijo entregándole una tarjeta que sacó del primer cajón de su escritorio-, ve a ver a este hombre. Es un especialista, sabrá tratar tu problema. Ahora fuera de mi vista, me perturbas.
        Ramiro abandonó cabizbajo el despacho del editor, esperó durante media hora el autobús y regresó a casa. Llovía cuando se bajó en su parada. Tropezó con el ciego vidente del portal de al lado y entró goteando levemente a su casa. Dejó la chaqueta en la percha y avanzó hasta el salón, donde su mujer se entretenía viendo el exitoso programa "Yo también quiero dominar el mundo", que estaba a punto de terminar.
        -¿Qué tal te ha ido cariño? -preguntó ella sin apartar la vista del televisor-. ¿Qué ha dicho el editor?
        -Me ha mandado a un loquero -respondió Ramiro de mala gana antes de seguir avanzando hacia la cocina, donde dedicó un rato a prepararse un café bien caliente y tomárselo.
        Cuando estaba terminando apareció su esposa Elena con una bolsa vacía de aperitivos que se había terminado viendo la tele. La tiró a la basura, que era de esas ocultas tras una puerta para no hacer feo, rebuscó algo en las estanterías y se volvió hacia su marido, que se había terminado el café y estaba colocando la taza en uno de esos modernos lavavajillas que hacían de todo menos lavar platos.
        -Ya ha terminado lo de la conquista del mundo -le contó-. Hoy presentaban a los candidatos. No creerías la de gente variada que aparece por allí, hasta había uno que no he cogido cuántos años tenía, pero seguro que más que tú y yo juntos... ¿qué pasa? Estás más distraído que de costumbre. Ni siquiera me has dado un beso al llegar...
        Elena se acercó a Ramiro y lo besó. Se fundieron en un cálido abrazo que sólo saben darse dos enamorados y luego ella le miró a los ojos.
        -Anda, cuéntame qué te pasa, que nunca me cuentas nada.
        Él le tendió la tarjeta que el editor le había dejado y esperó mientras ella leía. Una vez hubo terminado volvió a mirar fijamente a su esposo, pero esta vez la preocupación se dibujaba en su rostro interrogante.
        -Ya ves -dijo Ramiro-. Stephen King puede delirar con su Torre Oscura y yo por escribir lo que aparece en mis sueños soy considerado un loco y mi trabajo de poca calidad.
        -No digas eso -lo amonestó Elena-. Todo lo que escribes es fabuloso, tan cuidado... pones tanto cariño en lo que haces que cuando alguien lo lee se siente arropado por el mismo calor que sientes tú al escribirlo.
        Ramiro negó con la cabeza.
        -No, ya no. Eso es lo que debería suceder, pero no siempre se consigue.
        -Pues ya está, no siempre, y ahora es una de esas veces. Ahora olvida la historia y ya escribirás algo nuevo.
        Ramiro dudó unos instantes.
        -Por el momento, voy a ver al loquero. Siento algo respecto a ese sueño difícil de explicar...
        -¿Quieres que te acompañe? -ofreció Elena.
        Ramiro la miró un momento antes de sonreír, agradecerle que siempre estuviera cerca para apoyarle y decidir que no era necesario. Salió de casa tras darle un beso a su mujer en busca de la consulta del doctor Gorbajindus Ña. Un nombre ridículo.

        -Es espacioso, tiene buena iluminación y contará con su propia secretaria.
        Aburrimiento comprobó de un rápido vistazo que así era. Le acababan de asignar un despacho enorme, teniendo en cuenta las dimensiones a las que estaba acostumbrado, con su propia secretaria, no sabía bien para qué oscuros propósitos.
        Había sido conducido allí por los dos agentes, a los que él dio en llamar Agente Uno al jefe y Agente Dos al subalterno. Ahora era Dos el encargado de asumir el papel de agente inmobiliario y mostrarle su nueva vivienda al señor Aburrimiento. Por suerte para todos, un despacho era un despacho; aquí está el escritorio, aquí está la ventana, está prohibido saltar por la ventana, está prohibido tirar a miembros de la organización por la ventana. Era todo.
        -Ah, casi lo olvido -dijo Dos al terminar de enumerar las cosas que se podían y las que no se podían hacer-. A partir de ahora le llamaremos Abur. ¿Está claro, Abur?
        Aburrimiento, a partir de ahora, Abur, asintió malhumorado. Tras esto, Dos abandonó el despacho y le dejó solo. ¿Qué estaba sucediendo? El mundo era un lugar de locos. Suspirando, el recién llamado Abur se acercó al escritorio y tomó el legajo que descansaba sobre él. se trataba de una especie de carta de bienvenida donde se le explicaba lo que se esperaba de él. Una vez hubo terminado de leer la misiva la arrugó, la arrojó al suelo y la pisoteó con furia hasta extenuarse. No cabía en sí de indignación. Gruñendo, blasfemando y resoplando, se puso manos a la obra. Eso había ocurrido por la mañana.
        Por la tarde el plan ya estaba en marcha. Uno y Dos parecían satisfechos por los progresos y dieron a Abur el resto del día libre, que lo dedicó a mirar por la ventana de su nuevo despacho. Al otro lado, bajo la lluvia, millones de personas condenadas ignoraban el destino que estaban a punto de sufrir.
     
     
    Continuará... o no.