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June 29 Persecución Henry I'mafraidIdon'thaveanyspecialpowers estaba sorprendido de que en ¡Por la cara!, el espacio aburrido, hubiesen actualizado dos días seguidos. Esa conducta tan sospechosa animó a Henry I'mafraidIdon'thaveanyspecialpowers a investigar la causa de tan poco frecuente acontecimiento. Su compañero de trabajo, Albert Chinchaqueyosíquetengo, tenía grandes poderes psíquicos, y se ofreció a ayudar introduciéndose en las mentes de sus vecinas. -¿Eso nos ayudará a resolver el misterio? -No -admitió Albert-. Pero siempre es un reto entrar en la mente de una mujer. Henry suspiró y salió a la calle. No tenía ni idea de hacia dónde iría, pues sólo conocía el mundo de más allá a través de internet y algo de la tele. Y claro, su ciudad no era lo suficientemente importante como para salir en películas, así que allí estaba, plantado en el portal mirando la gente y los coches pasar, esperando que sucediese algo que hiciera avanzar la trama de alguna forma. Si Dickens le hubiera visto allí, parado esperando una coincidencia increíble, le habría dado dos collejas por iluso, pero luego se habría quedado con la boca abierta al ver lo que estaba a punto de pasar. Porque la coincidencia llegó, ciertamente, llegó en forma de autobús del que se bajó una adolescente de brillante cabello pelirrojo... y se alejó calle abajo. Ahora Henry está recibiendo una llamada mental entrante de Albert. ¿Henry? ¿Me recibes? Seré breve, hay demasiada gente pensando en los alrededores, debe de ser la hora de la siesta. La muchacha pelirroja que se acaba de bajar del autobús es Sara. Síguela y te conducirá a Ramiro, esa es la clave que necesitas para encontrar a Noth y resolver el misterio. Henry colgó la mente y salió corriendo y casi estuvo a punto de morir salvajemente atropellado por un coche que circulaba a una velocidad moderada y acorde con los límites de velocidad impuestos para el tramo en que se encontraba. Vamos, que cruzó sin mirar como el idiota que era. Cuando por fin llegó a la esquina, no había ni rastro de Sara. Sigue esa calle hasta el final. Capto el rastro de su mp3 débilmente. Corre o la perderás. -¿¿Su mp3?? -preguntó Henry mientras corría. Claro, es una mujer, no puedo entrar en su mente, es demasiado complicada para mí. Henry siguió corriendo y a lo lejos divisó a Sara entrando en un centro comercial. La siguió como pudo, abriéndose paso a codazos entre la concurrencia. Por el alboroto parecía que se había metido en plena revuelta civil o algo así. Pero no, la explicación era mucho más sencilla: era el día nacional del centro comercial y todos los centros comerciales regalaban sus productos durante las 24 horas que duraba el evento. Un saqueo en toda regla. -¡Albert! ¡No la veo! ¡Esto es.. eh, señora, esa chaqueta es mía, devuélvamela! ¡Albert, esto es un caos! ¿Dónde está? Está parada en la entrada del cine. Quizá está esperando a alguien. Corre, corre, corre... Henry se abrió paso a empujones, codazos, gritos, mordiscos y algún que otro tirón de pelos, gateó, se arrastró, fue pisoteado, pisoteó a otra gente, un tipo con brazos que parecían vigas le dio un televisor y una anciana de las que se cuelan en las fruterías se lo arrebató sin esfuerzo, un perro (o algo parecido) le mordió una pierna, y por fin llegó al cine, lejos del gentío. Allí no había nadie. Quizá ella ya se había ido. No se ha ido, sigue parada en la puerta. Henry se acercó más a la entrada y lo vio: en el cubo de basura estaba el mp3, encendido, reproduciendo la banda sonora de Monkey Island. Tenía pegado un trozo de papel amarilló. Lo examinó por ambas caras y quedó perplejo. Por un lado decía "Libertad". Por el otro lado decía "LeChuck". ¿Qué diablos significaba todo eso? ¿Y por qué en su primera aparición había tenido que correr bajo el sol, atravesar una multitud de gente enloquecida y arrastrarse mientras le pisoteaban? No es justo, pero no te preocupes, yo te apoyo. Estaré jugando al Monkey Island, si quieres algo, dame un pensamiento. -Cerdo. Te he oído. June 28 Wachu va a la guerra Desde el frente nos llegan noticias aterradoramente aterradoras. Aterrorizados de los terroríficos terrores que aterrorizan a la población, nos aterroriza aterrorizarles con las terroríficas noticias que les traemos: La familia Wachu va a la guerra. Este desconcertante hecho ha desconcertado de forma desconcertante a los más desconcertados miembros del desconcierto general, lo que desconcertantemente nos ha llevado a una desconcertante situación de desconcierto. Más noticias a continuación. De forma alarmante y sin que se haya dado la alarma es alarmantemente alarmante que la alarma no se haya dado. Más noticias a continuación. Por otra parte, destacar que no hay ningún hecho destacable que pueda ser destacado. Más noticias a continuación. Todos los afortunados que tengan la fortuna de jugar con fortuna a la rueda de la fortuna en las próximas desafortunadas seis horas tendrán la fortuna de ser afortunadamente premiados con una fortuna en monedas de chocolate de la fortuna. Más noticias a continuación. Si todo esto te ha parecido una tonta tontería, tontamente puedo afirmar que es tonto plantearse tontamente si te ha parecido una tontería, pues es cabal, claro y tonto que es una tontería. Y sin más, fin. Una foto de Wachu y su familia en la guerra: June 25 Plop, El Viaje Plop. Estaba en una sala en penumbra, sentado en una silla. Las paredes aparecían manchadas de una sustancia sospechosamente marrón rojiza, a medio camino entre el óxido y la suciedad más absoluta. Una bombilla desnuda colgaba del techo luchando débilmente contra las sombras, que ganaban la batalla. Se levantó de la silla, que crujió de alivio al sentirse libre de su peso. Al hacerlo una voz emergió de las tinieblas. -Ah, ya has despertado... -¿Quién está ahí? Fuera del círculo (si es que se podía llamar círculo) de luz, el vacío reinaba, y la voz parecía surgir de todas partes al mismo tiempo. -Te esperaba, aunque debo reconocer que has tardado más de lo que creía -un anciano dio un paso hacia la luz-. Bienvenido, Plop. -¿Plop? -Así es, a partir de ahora te llamarás Plop, y no discutas, el tiempo corre en nuestra contra. ¡Debes salvar el mundo! Plop miró al anciano visiblemente perplejo, preguntándose si no habría caído en manos de un majara total. Desde luego la salida de la habitación, si había, no se veía por ninguna parte. Y además, por lo que sabía, la habitación podía ser enorme y estar bajo tierra. Negras perspectivas sin duda. Y mientras tanto el anciano seguía hablando, ¿qué demonios quería? -...atravesar los valles de Tururú, cruzar el ancho río de Guada-guada y allí, en el poblado de los allíenses, encontrarás un poderoso artefacto que te permitirá salvar el mundo. -Mire, yo no me llamo Plop ni voy a... -¡Claro que te llamas Plop! Yo soy el que sabe de esto muchacho, yo digo que te llamas Plop y te llamas Plop, yo digo que debes salvar el mundo y debes salvar el mundo, así que adelante, y toma, llévate esta cucharilla, regalo de la casa. El anciano agarró a Plop del hombro y lo llevó a rastras fuera de la luz, abrió una puerta oxidada y de un empujón le hizo atravesarla. Luego cerró tras él y Plop se encontró solo de nuevo, y sin tener ni idea de dónde estaba, dónde iba o dónde narices habían ido sus malditas ideas. Y así, cucharilla en mano, Plop inició su viaje. June 21 The Princess Witch I Érase una vez una princesita encantadora que vivía en el País de los Sueños Maravillosos. Todas las mañanas la princesita empleaba horas en ponerse sus vestidos favoritos de vivos colores y en peinar su largo y sedoso cabello. Por las tardes asistía a las lecciones del profesor Tramson y, más tarde, hacia la caída de la noche, el mago del reino, el Gran Owen, le enseñaba los misterios del universo infinito y trascendente. Pero un día, cuando la princesita contaba dieciséis años, el Gran Owen fue expulsado del reino, condenado al exilio hasta el fin de sus días. Las murmuraciones comenzaron en seguida, a todos les parecía increíble que echaran de esa forma al primer mago que no estaba loco ni era malvado (ni ambas cosas a la vez) que había tenido el reino en muchos años. Poco después de aquello el rey cayó enfermo aquejado de una misteriosa enfermedad que los más sabios sanadores del reino no conocían. El rey mandó llamar al gran Owen, pues estaba seguro de que sólo él podría ayudarle. Partieron emisarios en todas direcciones, por tierra y mar, y durante dos semanas más el rey aguantó como pudo, aguardando las noticias y deseando que llegase el mago. El reino entero estaba consternado y muchos no pudieron evitar recordar el periodo de angustia que vivieron en los días cercanos al nacimiento de la princesita, la mañana en que la reina dio su vida para crear otra. Al cabo de esas dos semanas ningún enviado regresó, ni se tuvieron noticias del mago y el rey abandonó el reino para siempre. La tristeza invadió cada rincón del reino, y pronto se alzaron voces en contra del mago, a quien culparon de inmediato de la muerte de su soberano. Las amas de casa suspiraban por la dulce princesita, a la que habían privado de su padre a tan temprana edad, y con la responsabilidad de gobernar un reino tan amplio como el País de los Sueños Maravillosos. Y así, el día de su decimoséptimo cumpleaños la princesita fue coronada entre vítores, aplausos y miradas apasionadas por parte de los mozos cortesanos. Y de entre toda la multitud sólo una persona no aplaudía ni sonreía a la nueva reina. Sólo una persona observaba, temblando de miedo, lo que sucedía en la plaza. La Princesa Bruja ahora controlaba el reino. June 18 Plop Mojó la pluma en el tintero. Plop. Parpadeó, desorientado. Miró a su alrededor y poco a poco tomó conciencia de dónde estaba. La mesa, la cama, los muebles... sí, aquello parecía su habitación de siempre. Y sin saber por qué, notaba algo extraño. Miró el papel que tenía ante sí, una sola palabra estaba escrita al principio: Plop. Miró la pluma que aún sostenía, de cuya punta una traicionera gota de tinta amenazaba con escaparse y se preguntó por qué demonios estaba escribiendo con una pluma. Es más, se preguntó de dónde narices había sacado aquella pluma y el tintero. En estos pensamientos estaba cuando un golpeteo en la ventana atrajo su atención. Se levantó y fue a mirar de qué se trataba, hallando para su sorpresa que eran sus ideas las que se reían de él al otro lado del cristal. Abrió la ventana con tal violencia que quebró el cristal (genial, la bronca que me va a echar mi madre) y casi se cae al patio tratando de alcanzar a la traviesa maraña de ideas que revoloteaba risueña fuera de su alcance. -¡Tú, vuelve aquí! -fue lo mejor que se le ocurrió decirle. Se subió al alféizar y con cuidado trató de alcanzarlas, pisando con cuidado y agarrándose con una mano al marco de la ventana, luego a la pared desnuda y más tarde a la esquina, justo por encima de las cuerdas de tender del vecino de abajo. Siguió a las ideas al interior de la viviénda, recolgándose peligrosamente en el tendedero, que a punto estuvo de ceder y, con paso vacilante, exploró las habitaciones solitarias (por suerte) del piso del vecino. Encontró el objeto de su deseo junto a la puerta principal y éste, al percatarse de que había sido descubierto, se coló por la cerradura de la puerta, escapando por el momento. Sin perder un segundo se acercó a la puerta, la abrió con facilidad desde dentro y salió al rellano. Sus ideas iban ya lejos escaleras abajo, así que las siguió saltando los escalones de tres en tres con tanta velocidad como podía. Al llegar a la calle una furgoneta de reparto amarilla le impedía ver por dónde se habían ido sus resbaladizas ideas. En el lateral, con letras rojas, se leía "PLOP". Cruzó la calle mirando hacia todas partes, buscando las malditas ideas; la gente se apartaba un poco al verle dar vueltas hasta que al final localizó lo que buscaba junto a un buzón de correos. Corrió cuanto pudo y se avalanzó sobre ellas. Justo cuando iba a atraparlas, las cambiantes y frágiles ideas hicieron "plop" y se desvanecieron, y entonces se encontró cayendo... June 05 Escribir Era dueño del bolígrafo. Lo esgrimía con total impunidad, creyéndome superior a él. Pobre de mí, que estaba atrapado. El aparentemente inocente utensilio me controlaba, me instaba a escribir y a escribir, letra tras letra, palabra tras palabra, hoja tras hoja... hasta que la tinta se acabó. Pero no me libré de su yugo. No tan fácilmente. Lo necesitaba, no podía vivir sin ello, y no tuve más remedio que conseguir otro bolígrafo. Pasó el tiempo, las hojas se amontonaban rellenas de cursiva caligrafía, los bolígrafos gastados se desperdigaban por el suelo, confundiéndose con los restos de lápices gastados, portaminas vacíos y demás accesorios. Y la escritura nunca dejaba de fluir. Daba igual lo que escribiese: alegría, tristeza, vida, muerte, aventura, aburrimiento, ir, venir, verbos, nombres, apuntes, diarios, historias inventadas, listas de la compra... era lo mismo, el poder de esas letras me mantenía cautivo, incapaz de huir o, mejor dicho, de regresar a la realidad. Cada nueva línea me iba adentrando en un mundo desconocido y fascinante a la vez que familiar y aterrador. Criaturas terribles, amores imposibles, éxitos rotundos y estrepitosos fracasos se entremezclaban a lo largo y ancho de las interminables hojas que poco a poco pasaron a alfombrar mi habitación. Y cuando parecía que todo había terminado, seguí escribiendo en las paredes. Inventé fórmulas, teorías, vidas de otros, morí de mil maneras y nací en mil lugares diferentes; en el techo describí toda clase de planetas y formas de vida superiores; en los bordes de la ventana compuse sonetos a la libertad; en el dorso de la puerta épicas batallas se sucedieron, y más allá del umbral... la historia continuó. Pobre de mí, que creía que todo terminaría con aquel fatídico bolígrafo negro. Pobre de mí, que pensé que todo llegaría a su fin con las hojas de papel. Pobre de mí, que jamás terminaré de escribir. Era dueño del bolígrafo. Era mi bolígrafo. Pero él era dueño de mí. Seguiré escribiendo. June 02 Por qué no quiero entrar en clase Aquí van algunas razones que se pueden esgrimir cuando el descanso entre clase y clase se agota y es hora de regresar al interior de ese terrorífico lugar que es el aula: -Aquí fuera hace un día precioso. -Hace un día horrible e interfiere en mis ánimos. -Fuera se está mejor. -Lo que va a explicar ya me lo sé... -... y si no, lo volverá a explicar mejor el próximo día. -Me da miedo entrar. -Sé que mis piernas me impedirán entrar, les ordene lo que les ordene. -Soy alérgico a las bancas... -... y a las mesas... -... y a la tiza... -... y al/la profesor/a. -Unos enanillos verdes me amenazaron con matarme si entraba. -Tengo la intuición de que no debo entrar. -Estoy preocupado por mi ordenador, debería volver a casa a comprobar que está bien. -Tengo sueño. -Me duele [cualquier parte del cuerpo]. -Mi perro se comió los apuntes (sustituible por canario, gato, etc). -Mi perro se comió al profesor (sustituible por canario, gato, etc). -Mi perro se comió las tizas (sustituible por canario, gato, etc). -Mi perro se fue al caribe y no ha vuelto (sustituible por canario, gato, etc). -Me encantaría, pero no quiero. Y hasta aquí todas las que se me ocurren. Se pueden introducir montones de variantes mucho mejores, pero eso os lo dejo como ejercicio (frase mágica). Algunos objetarán que en esa lista no está una de las más importantes: "Ahí dentro me aburro", pero es que hemos considerado que tal eventualidad es sumamente improbable y por ello ha sido suprimida de la lista. |
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