Noth Schwa's profile¡Por la cara!PhotosBlogLists Tools Help

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    July 29

    Historia Patas Arriba y otras Tonterías

        Lord Infausto cayó de rodillas agarrándose el pecho con la mano. Ramiro había hecho un excelente trabajo pulsando el Botón Rojo, gracias a la inestimable ayuda de Nick el Ciego, el pequeño niño que vivía calle abajo. Él, con gran riesgo de su vida, había desactivado las trampas de rayos que impedían llegar al citado botón subiéndose a una de las cajas marcadas con el letrero de "Peligro de muerte total, no acercarse". Esto sin duda se debía a que siendo ciego no había podido leer la advertencia.
        No les había costado dar con el Santuario del Mal, claramente señalizado en la guía de teléfonos (en la letra M: Mal, Santuario del) que encontraron en una cabina mientras caminaban deprimidos.
        Abatidos porque acababan de perder la pista al infame Lord Infausto.
    El malvado escapó aprovechando la maldita puerta de atrás de los estudios TeleNoVista, lugar desde el que el nuevo loco había declarado su intención de destruir el mundo por televisión, es decir, el anuncio había sido por televisión, no significaba que pretendiese destruir el mundo por televisión, aunque dadas las circunstancias bien habría sido posible.
        El viejo Editor y los Amigos de la Familia ya se lo habían advertido a Ramiro, que se preparase para salvar el mundo de nuevo, y para ello debía ir a los estudios TeleNoVista acompañado sólo por un amigo de confianza.
       No habría llevado a nadie de no haber conocido accidentalmente a Nick el Ciego esa misma mañana, tras tropezar sin querer con el muchacho.
        Nick buscaba el Sentido de la Vida y Ramiro había salido a pasear para olvidar el ambiente opresivo de su casa. Lo había sentido en el desayuno, la oscuridad reinante, el silencio sobrecogedor, la terrible ausencia del terrorífico tic-tac del típico reloj de péndulo.
        Se había levantado cansado un par de horas antes de desayunar y, justo antes de hacerlo, cuando todavía se revolvía en la cama, era incapaz de imaginar el duro día que se le presentaba. Salvar el mundo era lo último que esperaba tener que hacer la noche anterior, mientras sentía la suave caricia de las sábanas invitándolo a sumergirse en el reino de Morfeo.

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        Divagaciones varias.

        ¿Esto qué es? ¿Una historia al revés? ¡Premio para el que lo haya dicho! Anda... si he sido yo... ¡premio para mí! Es evidente que me aburro, me aburro y me frustro, frustración originada por la falta de las últimas 32 páginas del libro que estoy leyendo. ¡Maldición!
        ¿Por qué sigo escribiendo? Es una buena pregunta. Lo cierto es que me ha costado bastante escribir ese pequeño fragmento inverso, pero eso no ha saciado mi necesidad de aporrear las teclas (también llamado escribir), además de que no encuentro un título apropiado para esta entrada.
        Otra cosa. Mis ávidos y atentos lectores habrán notado la aparición del Santuario del Mal, ya aparecido en otra entrada anterior. Las razones son obvias: No había suficiente presupuesto para preparar un escenario nuevo y nos hemos visto obligados a ambientar la historia en el mismo Santuario del Mal. Unas pocas cajas con advertencias, un suculento Botón Rojo y apenas se nota que es el mismo lugar, pero un examen atento revelará que se trata del mismo lugar.
        Comentando otra cosa relacionada con lo mismo y sin nada que ver, esta vez Ramiro tiene un nuevo compañero, Nick el Ciego, que en realidad ni es un niño, ni se llama Nick ni es ciego, pero todo a su tiempo. El viejo Editor y los Amigos de la Familia aparecen por cortesía de nadie en absoluto, y ha habido que pagarles por su intervención como a todos los demás.
        Presentando al Perro como él mismo, banda sonora sin escribir, interpretada por Los Primeros Que Pasaron Por Allí.
        Una historia nada original de un señor que se aburría, escrita y dirigida por el mismo señor que se aburría (aunque en otro momento).
       Patrocinado por TeleNoVista (para no notar la publicidad que de la cadena se hace a lo largo de la producción...), 2006, todos los derechos torcidos.

    Nota: El Mejor Amigo no ha podido participar debido a problemas personales. Desde aquí le deseamos que los solucione con presteza y del mejor modo posible para que pueda traicionar al protagonista de turno y morir al final. Es todo.
    July 24

    No pasó nada...

        Aldered no llegó cabalgando a Tanao, su hogar. No respiró con fuerza el aroma familiar de las estrechas callejuelas del pueblo, ni reconoció viejas caras que le llenaran de recuerdos. No se apeó y abrazó a su viejo amigo Banek, herido e imposibilitado en una batalla tiempo atrás. No condujo a su caballo de las riendas a través de las calles empedradas, más allá de la Plaza Mayor hasta la casa de la colina, donde no se encontró con su esposa Alisha, ni la abrazó con fuerza ni la besó con ternura antes de entrar. No sintió el calor del hogar ni sus huesos temblar de placer al sentirse en un lugar seguro donde podrían descansar.
        Tampoco se regocijó con la dulce voz de Alisha hablándole de lo acontecido en su ausencia, ni llegaron los niños corriendo y alborotando, manchados de verde y barro. Ni los alzó en sus brazos uno a uno hasta satisfacer a los cuatro ni, despojado de su pesada armadura, salió a juguetear con ellos al patio trasero hasta extenuarse. No regresó sonriente y resoplando bajo la atenta mirada de su esposa, que le dedicaba una amplia sonrisa.
        -¿Es mi turno ya? -no le preguntó cuando se acercó a ella- ¿o ya estás demasiado cansado para dedicarme un momento?
        No le respondió abrazándola ni quejándose de la energía insaciable de su progenie. Tampoco acompañó a su esposa cogiéndola de la mano mientras subían las escaleras, y es cosa cierta que no reparó en las estatuas y bellos ornamentos que la bordeaban y hablaban a los ocasionales visitantes de la riqueza de los moradores.
        No relató las campañas vividas, no mostró las cicatrices adquiridas ni habló de la añoranza que sintió por su hogar y el calor de los suyos.

        Simplemente detuvo su caballo, observó el humo sobre el pueblo a lo lejos, y lloró.
    July 12

    Sin novedad...

        La noche se presenta tranquila. Arriba en el cielo el astro plateado baña la noche con su argéntea mirada. En los lugares en los que la eléctrica mano del hombre no ha destrozado el paisaje, esa luz es la única que con su brillo tenue aparta las tinieblas con suavidad, dando a todo un aspecto azulado, fantastmagórico y sereno.
        Una leve brisa agita las ramas de los árboles; las hojas ejecutan entonces una hipnótica danza de la seducción... se entremezclan entre ellas, se sacuden, algunas se separan y son arrastradas por la corriente perezosa que las lleva lejos, cada vez más lejos...
        La pequeña hoja cruza la carretera, pero no hay que temer por ella: la noche está tranquila, todos duermen y ningún coche alterará la paz de este trocito de realidad. La grácil viajera se deja arrastrar al siguiente golpe de aire y se eleva una vez más. En su viaje conoce otras hojas de otros árboles, algunas la acompañan... en fin, pronto se alejan de la vista y la calma del lugar, brevemente interrumpida por el danzarín vuelo de las hojas, se adueña de nuevo de la situación.
        Es todo tan aburrido...
        Una luz parpadea a lo lejos, en una de las casas. Alguien se ha despertado antes de tiempo. Pero no ha sido nuestra culpa, nosotros somos simples observadores, contemplamos la escena que se abre ante nuestros ojos adormilados. Una sombra se mueve ante la luz, casi parece que la sombra juegue con la luz a una partida ancestral de avances y retrocesos, en la que ninguno es vencedor jamás. Hay tanta luz como sombras, en perfecto equilibrio.
        El equilibrio trae la calma...
        La luz se apaga, la escena se congela. Los árboles se agitan de nuevo y la danza vuelve a empezar. Arriba, la Reina de la Noche, olvidada, observa con intensidad mientras puede, mientras está plena y puede desplegar todo su esplendor. A pesar de que la noche está tranquila, podemos presumir que no somos los únicos que la miramos. Allá lejos una pareja, entrelazadas sus manos, alza su mirada hacia la Reina y su séquito; un poco más allá la escena se repite, y allí, y un poco más lejos... unos pocos contemplan solitarios y dejan que Ella alimente sus sueños mientras aún está alta. Esperemos que así sea, porque si somos los únicos que la estamos mirando... somos afortunados por la magnífica visión, pero a la vez comprendemos nuestro pesar: nadie comprenderá su magnificencia como nosotros.
        Quedémonosla para nosotros pues, disfrutemos de la brisa y el frescor de una noche tranquila y de la mirada de Su Majestad arropándonos mientras damos rienda suelta a nuestra imaginación, desatamos las cadenas que nos retienen en un mundo desabrido y volemos de la mano de las estrellas...
        Es cierto, la noche se presenta tranquila. Soñemos hasta el amancer, cuando el Sol, con el día, traiga el desengaño y quiebre la calma que estamos disfrutando. Le venceremos con una sonrisa y le diremos: "Puedes abrasarnos con esos rayos cuanto quieras, en nuestro interior perdura un recuerdo sereno, mucho más brillante de lo que puedas imaginar".
        Nadie nos arrebatará este momento, este momento tranquilo, sereno, calmado y lento. Esta noche transcurre sin novedad...
    July 01

    Divagando...

        Ante mí descansan los papeles que contienen, por fin, tantas historias que nunca me decidí a escribir. Letras borrosas y apresuradas que manchan las hojas y que con sus descuidados trazos recorren todo tipo de lugares y situaciones de ensueño, describiendo a los más variados personajes. Unos mejores, otros peores, todos unidos con una característica común: el color negro de la tinta con la que hablo de ellos.
        Me resulta divertido pensar en ello. Años, kilómetros y montones de personas unidos por algo tan insignificante como unas finas líneas de color negro estampadas en algo tan frágil como es una hoja de papel.
        Últimamente divago con facilidad. Supongo que mi mente está cansada de recorrer mundos y de vivir vidas que no son la mía. Quizá por eso me he visto obligado a ponerlo por escrito. Tenía que sacarlo de mi cabeza, aunque me preocupa. Tal vez mañana ya no lo recuerde y necesite recurrir a estos papeles para revivir mi historia y la de los demás. ¿Me estoy haciendo viejo? Antes o después tenía que ocurrir, le sucede a todo el mundo, excepto a los personajes de mis cuentos.
        Qué irónico: el triste mortal condenado al sueño eterno consigue, con una vieja pluma de ganso y unas gotas de tinta hábilmente estiradas sobre el papel, crear todo un mundo, lleno de vida, sentimientos y movimiento, que perdura a lo largo de los siglos tanto como perdure el papel en el que viven y haya gente para leerlo.
        En este momento, casi me enorgullezco de ser uno de esos tristes mortales creadores, pero el ego no me alcanza, y las horas de esfuerzo me han dejado exhausto. No tengo tanta energía como para vanagloriarme de mi logro. Aunque debo reconocer que sí que me alegra el hecho de que los personajes que se mueven por mis páginas son aquellos que me han acompañado a lo largo de mis viajes.
        Les he dado un lugar de honor en la historia, y, sin embargo, mi único propósito era el de compartir todo lo que he ido soltando por las calles de medio mundo a cambio de un par de monedas de plata o una cama caliente, si tenía suerte. Hoy tengo ambas cosas (una de las monedas de plata la he gastado esta misma mañana, pero aún cuento con ella) y, desde la seguridad que da el presente, me pregunto cómo habría sido el pasado de haber hecho o dicho otras cosas.
        Divago, divago como un viejo. Se hace tarde y mi vista ya no es buena para escribir a la luz de las velas. Me pregunto si ésta será la conclusión o la introducción de mis relatos. No lo sé. Cuando revise y ordene los papeles, decidiré en qué lugar colocar esta página y entonces todos sabremos qué es.
        O quizá la queme. El futuro siempre es tan incierto...

    Larley Goodwind.